A los que murieron en Jesús,
Dios los llevará con él
Lectura de la primera carta del
apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
4, 13-17
Hermanos: No queremos que ignoren
lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes como los que no tienen
esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos
creer que Dios llevará consigo a los que han muerto unidos a Jesús.
Esto es lo que les decimos como palabra del Señor: que nosotros, los que
estemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre
los que ya murieron.
Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el
Señor mismo bajará del cielo. Entonces, los que murieron en Cristo resucitarán
primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados,
juntamente con ellos entre nubes, por el aire, para ir al encuentro del Señor,
y así estaremos siempre con él.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 95
El Señor llega a regir
Venit Dominus
Cantemos al Señor un nuevo canto, que le cante al Señor toda
El Señor llega a regir
Venit Dominus
Cantemos al Señor, porque él es
grande, más digno de alabanza y más tremendo que los todos los dioses paganos,
que ni existen. Porque los falsos dioses son apariencia; ha sido el Señor quien
hizo el cielo.
El Señor llega a regir
Venit Dominus
Alégrense los cielos y la
tierra, retumbe el mar y el mundo submarino; salten de gozo el campo y cuanto
encierra, manifiesten los bosques regocijo..
El Señor llega a regir
Venit Dominus
Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe; justicia y rectitud serán las normas con
las que rija a todas las naciones.
El Señor llega a regir
Venit Dominus
Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; él me ha enviado para anunciar a los
pobres la buena nueva.
Spìritus Dòmini super
me, evangelizàre paupèribus
misti me
Aleluya.
Me ha enviado para llevar a los
pobres
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
4, 16-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como
era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a
los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la
curación a los ciegos, para dar libertar a los oprimidos y proclamar el año de gracia
del Señor".
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los
asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar,
diciendo:
"Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban
de oír".
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que
salían de sus labios, y se preguntaban:
"¿No es éste el hijo de José?"
Jesús les dijo:
"Seguramente me dirán aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo, y haz
aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en
Cafarnaún"".
Y añadió:
"Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en
Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante
tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin
embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había
muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno
de ellos fue curado sino Naamán, que era de
Siria".
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y
levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco de la
montaña, sobre la que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando
por en medio de ellos, se alejó de allí.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.